jueves, 5 de noviembre de 2026

EL SILENCIO TAMBIÉN TIENE HERIDAS por BETONG

Esta noche el césped no duerme.


Hay una sombra tendida sobre la hierba,

un reloj que ha perdido sus agujas

y un balón que, sin saber por qué,

ha dejado de buscar los pies.


Alguien abrió una puerta hacia la mañana

y la mañana no llegó para todos.


¡Ay, qué pequeña se vuelve la vida

cuando la muerte pronuncia un nombre!


Una madre tendrá que aprender

a escuchar los pasos que ya no regresan.

Una habitación conservará su desorden,

una camisa seguirá esperando en la silla,

y habrá un teléfono que nadie se atreverá a apagar

por si todavía llama quien ya no puede llamar.


No hay palabra que devuelva una respiración.

No hay abrazo que negocie con la ausencia.

A quienes hoy recogen los pedazos de una casa

donde falta alguien,

que les alcance nuestro silencio,

que les alcance nuestro abrazo,

que ninguna noche les haga creer

que lloran solos.


Y al otro lado de esta misma desgracia,

un hombre también tendrá que cerrar los ojos.


Quizá vuelva una y otra vez a aquella jugada,

al segundo que se hizo demasiado largo,

al instante que ahora pesa más que una vida entera.


Que no le falte una mano sobre el hombro.

Que no le falte un lugar donde respirar.

Que el dolor no lo convierta en una condena

antes de que hablen los hechos.


Porque también hay heridas que no sangran,

pero se sientan contigo a la mesa,

te acompañan hasta la cama

y te despiertan cuando la casa está en silencio.


Y afuera, qué feroces se han vuelto algunas bocas.


Desde sus pequeñas ventanas de cristal

arrojan piedras contra un hombre

que quizá tampoco sabe cómo regresar a sí mismo.


Le llaman con nombres que no conocen su historia,

le escriben sentencias desde habitaciones lejanas,

confunden la rabia con la justicia

y el castigo con el consuelo.


Pero ninguna familia recupera a un hijo

porque otra persona sea destruida.


Que se investigue.

Que se esclarezca.

Que cada hecho encuentre su verdad.


Pero que nadie tenga que morir dos veces:

una bajo el peso de la desgracia

y otra bajo las manos de una multitud.


El fútbol nació para juntar cuerpos distintos

alrededor de una misma esperanza.

Para que un muchacho de cualquier tierra

pudiera correr detrás de un sueño

sin preguntar de dónde venía el otro.


Hoy esa esperanza tiene los cordones desatados.

Hoy los vestuarios guardan una tristeza

que no cabe en ninguna alineación.

Hoy hasta el silbato parece pedir perdón.


Y nosotros, desde esta orilla de palabras,

no tenemos medicina para el destino,

ni poder para desandar el minuto,

ni una puerta secreta para devolver lo perdido.


Tenemos solamente esto:

la voz que no se vende al odio,

la mano que no abandona al que sufre,

la memoria que pronuncia con respeto

el nombre de quien se ha marchado.


A la familia, nuestro abrazo más hondo.

A quienes lo amaron, que el tiempo sea piadoso.

A Owono, fuerza para atravesar esta noche

sin que el ruido del mundo le robe la humanidad.


Y que cuando vuelva a rodar el balón,

nadie olvide lo que hoy nos ha enseñado el silencio:


que detrás de cada camiseta hay una madre,

detrás de cada dorsal hay una historia,

detrás de cada hombre hay una vida

que no debería convertirse en piedra

en las manos de los demás.


Esta noche no hay vencedores.


Solo una familia que despide,

un hombre que necesita sostenerse

y un campo donde la hierba

tardará en olvidar.


Que descanse quien se ha ido.

Que encuentre amparo quien permanece.

ESCRITOS por KIEBIYENE

 Pasan los días y aún me pregunto,

A dónde se fue esa persona, ese ser que creía en sí mismo.

Aquel que a pesar de los obstáculos seguía persistiendo.

Ese alma que no descansaba hasta encontrar las respuestas a las preguntas que más le inquietaban.

 Ese ser que tenía una mente crítica y que ahora exhala frustración y fiasco 

¿Cuál fue el impulso que motivó su partida?

¿ A dónde se fue sin previo aviso?

Me dejó con retentivas emociones: soledad, ansiedad, frustración...

Como una llama que arde sin cesar,

Como un atardecer en un día helado

¿Será que se perdío en mi mente? ¿ O mi mente se extravió en la osaridad de mis emociones?

¿Hasta cuándo las olas de mis emociones conducirán mi mente y mi alma?

He de encontrar los vestigios del ente que gobernaba mi ser y que en su vasta madurez emanaba sosiego y rellano a mi alma.

SIN TRABAJO por Noemí Mbang


Con el pim, pim obstinado de los taxis
que cazan clientes sin descanso,
iba hacia Ngolo
a una entrevista de trabajo.

De Nkuantoma a Ngolo
cruzamos Segunda Dama
y el mercado de Bikuy nos encerró
en su atasco espeso.

Veinte minutos decía el reloj.
Pero la ciudad me robó una hora,
como quien roba la ilusión de un joven.

Donde ayer hubo una entrevista,
hoy solo queda el papel doblado
con la dirección de Ngolo
que ya no me espera.

Donde ayer hubo esperanza,
hoy se siente una espera vacía
entre los pasos de la calle
que no me devuelve la mirada.

Donde ayer hubo un traje planchado,
hoy solo queda el polvo
sobre los zapatos que juré
estrenar con orgullo.

Si ayer mi nombre estaba en la lista,
hoy el eco de «ya elegimos a otro porque llegaste tarde»
es el sonido que me cierra la puerta
y me deja fuera, sin trabajo.

CRÓNICAS DEL SUFRIMIENTO: 44. CUANDO NO FUE SUFICIENTE por ESIMI

Nos mintieron de niños. Nos dijeron que si amabas con todo tu corazón, si dabas sin medida, el amor se quedaría. Nos vendieron la idea de que el amor todo lo puede... Y yo me lo creí… Te amé como se ama una sola vez en la vida… Te amé con todo lo que era y con todo lo que quería ser.

Te amé suficiente para quedarme cuando lo más fácil era irme. Suficiente para entender tu mal humor, tus silencios, tus días oscuros. Suficiente para perdonar lo que me dolió, para justificar lo que no tenía justificación, para esperarte incluso cuando me decías que no me esperaras.

 Te amé cuando estabas rota, cuando ni tú misma te soportabas, cuando me alejabas a empujones para ver si me iba…No me fui…

Te amé en tus versiones más bonitas y en las más insoportables. Tne amé con todo lo que tenía y con lo que tuve que inventarme para alcanzarte.

Y no alcanzó… No alcanzó para que te quedaras, no alcanzó para que me eligieras sin dudarlo, para que dejaras de buscar afuera cuando que yo te rogaba que miraras.

Y entonces entendí, lo más cruel y más liberador… El amor no es una balanza, no funciona como nos dijeron… No es igual a ambos lados… A veces tú lo entregas todo y la otra persona mirando a otro lado. A veces tú pones tu vida entera y al otro no le alcanza ni para quedarse un rato más.

Cuando amar no es suficiente, la mente te deja solo dos caminos y los dos duelen.

Primero crees que el insuficiente fuiste tú, que te faltó algo que dar. Que si hubieras sido más, quizás más guapo, más divertido, más exitoso, o más tranquilo, más interesante, más y más, entonces sí. Entonces sí te habría amado. Vives meses ahí, castigándote, revisando cada error, cada palabra que dijiste mal, cada oportunidad que dejé pasar, haciéndote pequeño para que tú cupieras.

Lo más doloroso al principio, pero es lo único que salva. . Entender que no era tu culpa. Que no importa cuánto riegues una planta que ya decidió no florecer en tu jardín, y su raíz ya estaba buscando otra tierra.

No es que tu amor fuera poco… Lo que pasó es que su corazón ya estaba haciendo las maletas mucho antes de que tu boca me dijera adiós, empeñado en construir una casa en un terreno donde tú ya vendiste todo.

¡Te amé... Juro que te amé para toda una vida juntos… Y no es tu culpa, tampoco la mía, simplemente que hay amores que nacen para enseñarte, y no para quedarse!.

EL SILENCIO TAMBIÉN TIENE HERIDAS por BETONG

Esta noche el césped no duerme. Hay una sombra tendida sobre la hierba, un reloj que ha perdido sus agujas y un balón que, sin saber por qué...